9.25.2005

El Otro (la experiencia del diálogo en la filosofía socrático-platónica)

¿No es el filein justamente estar por y hacia lo otro, junto a lo otro? De esta manera se establece la relación íntima del filein. Digámosle amar.

El título de este apunte habla del diálogo en la experiencia del diálogo en la filosofía socrático-platónica, pero iniciamos con una disgresión sobre el filein. Esto quiere decir que para quien habla, estos (filein [amar] y diálogo) están en relación (no decimos aquí que esto sea precisamente el sentido que tomaremos definitivamente como respuesta a la pregunta "¿Qué es la filosofía?", ni que sea el sentido que el hablante toma: es un posible sentido). Y decimos, en la filosofía socrático-platónica. Hablemos primero de esto. La filosofía socrático-platónica (de aquí hablaremos de "esta filosofía") está vuelta hacia el hombre. ¿Qué es el hombre en esta filosofía [este hablar]? Platón nos dice, en su diálogo temprano Alcibiádes (I): El hombre no es otra cosa que el alma. Cómo llega a decir esto no nos compete aquí. Este hombre, en esta filosofía, está inmerso en el diálogo. ¿No está más bien inmerso en el habla? Esto nos lleva a considerar un asunto distintivo de lo griego. En este diálogo, hablan los hombres. ¿De qué hablan? ¿Cómo hablan? En esta filosofía, hablan alrededor de una pregunta: esto es lo propio de este dialogar. En este diálogo en particular, el Alcibiádes, ¿de qué se habla? De un tema que en lo socrático-delfico (esto ya nos dice de qué tratamos) es fundamental: ¿Quién es el hombre?, y este hombre es éste hombre ¿Quién soy? Lo socrático parte desde la máxima délfica "Conócete a tí mismo" Pero cuando dos hombres hablan sobre esta pregunta, ¿cómo se apunta a este asunto? Quien-yo-soy habla con quien-tú-eres, en tí me encuentro: encuentro la correspondencia. "Si a nuestro ojo, como se haría con un hombre, se le dijese, aconsejándolo: 'mírate a tí mismo', ¿cómo podríamos decir qué es lo que se recomienda? ¿No es acaso, que mirar hacia eso que, al mirarlo, el ojo está en condición de verse a sí mismo?"(Alc, 132d) Aquí se habla de encontrar lo que se-es en el otro, en la correspondencia de la imagen que se refleja en el otro, en la mirada del otro. Así se conforma la experiencia del diálogo en esta filosofía, hasta este punto.
Justamente este dialogar plantea otra cuestión: la vision del otro. ¿No era el alma lo mejor en el hombre, el hombre-mismo? Entonces la experiencia del diálogo de esta manera planteado, como concordancia de dos almas ¿no nos lleva a la visión de lo mejor del otro? La visión de lo otro apunta al eidos, que es lo que lo que es, es. Pero entonces, el amar, el filein ¿no apunta justamente a ello? Aquí encontramos por primera vez una noción que la filosofía platónica ya a secas desarrollará, que es lo que llamaríamos la dialéctica del amor. Porque justamente por el tomar y partir a lo otro, justamente, es que alcanzamos el conocimiento de lo más verdadero, lo real. "Porque en esto consiste ir derechamente en cosas de amor, o dejarse guiar por otro: en comenzar por las bellezas de aquí y, sirviéndose de ellas como de peldaños, ir ascendiendo, con aquella beldad por meta, desde un cuerpo bello a dos y desde dos a todos, desde a todos los cuerpos bellos a todas las bellas hazañas, y desde las bellas hazañas a las bellas enseñanzas, para, desde estas, terminar en aquella otra enseñanza que no lo es de otra cosa algunas, sino de aquella belleza en donde, por fin, se conoce lo que es en sí mismo lo bello" (Banquete, 211). Así habla Diótima, la adivina. Tenemos allí un ejemplo de la dialéctica que se expone en el libro VII de La República, pero con vistas a la actividad del partir hacia el otro: la toma para sí de lo que el otro es, la relación íntima.



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